Rebeca Marín
La Ciudad de México registra la tasa más alta de participación económica femenina en México, con siete de cada diez mujeres mayores de 18 años con educación media superior o superior. Sin embargo, persisten desafíos significativos en la calidad del empleo, especialmente para las mujeres jóvenes, quienes enfrentan condiciones de informalidad y precariedad, según el Monitor Mujeres en la Economía presentado por el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO).
La Ciudad de México destaca como la entidad con mayor participación económica femenina del país. Sin embargo, la calidad del empleo continúa siendo un reto, particularmente para las mujeres jóvenes, quienes enfrentan mayores niveles de informalidad y precariedad.
Al presentar los datos del Monitor Mujeres en la Economía que mide más de 40 indicadores, el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) informó que, aunque la capital registra la tasa más alta del país, persisten desafíos como la informalidad, la precariedad juvenil y la carga desigual de cuidados.
De acuerdo con el estudio del IMCO, la Ciudad de México destaca como la entidad con mayor participación económica femenina del país. Sin embargo, la calidad del empleo continúa siendo un reto, particularmente para las mujeres jóvenes, quienes enfrentan mayores niveles de informalidad y precariedad.
Señala que siete de cada diez mujeres de 18 años y más en la capital cuentan con al menos bachillerato, lo que convierte a la ciudad en la entidad con mayor proporción de mujeres con educación media superior o superior.
Las alcaldías con menor rezago educativo entre mujeres jóvenes suelen registrar mayores niveles de participación económica. En Coyoacán, por ejemplo, solo 8% de las jóvenes no concluyó la educación obligatoria en el tiempo esperado y 57% participa en el mercado laboral, posicionándose en el segundo lugar en ambas variables.
A pesar de su dinamismo económico, la capital no escapa a una realidad nacional: las mujeres realizan 73% del trabajo doméstico y de cuidados.
El valor económico del trabajo no remunerado equivale a 24% del PIB nacional —misma proporción que en 2020—, superando sectores estratégicos como la industria manufacturera (20%) y el comercio (19%). Esta carga limita el tiempo y las oportunidades disponibles para que las mujeres accedan y permanezcan en empleos formales y mejor remunerados.
Entre 2005 y 2025, la tasa de participación económica de las mujeres en México pasó de 41% a 46%. Aunque representa un crecimiento, la cifra aún se mantiene lejos de la participación masculina, que alcanza 75%, informó el estudio del IMCO.
La brecha de participación entre hombres y mujeres es de 29 puntos porcentuales, aunque se redujo en 11 puntos en las últimas dos décadas. Este ajuste se explica tanto por el incremento gradual en la participación femenina (0.5% promedio anual) como por una ligera caída en la masculina (-0.4%).
El 55% de las mujeres ocupadas trabaja en la informalidad, frente a 49% de los hombres, una diferencia que prácticamente no ha variado desde 2005. Si bien la informalidad puede ofrecer flexibilidad, implica menor acceso a seguridad social, estabilidad e ingresos.
En materia salarial, persiste una brecha de 14%: por cada 100 pesos que gana un hombre, una mujer percibe en promedio 86 pesos. Esta desigualdad responde a factores estructurales como la concentración femenina en ciertos sectores, mayor presencia en la informalidad e interrupciones laborales vinculadas a responsabilidades de cuidado.
De acuerdo con el informe #ConLupaDeGénero 2025 del IMCO, ninguna entidad federativa ofrece condiciones laborales óptimas para el desarrollo pleno de las mujeres.
Seis estados registran tasas de participación económica femenina superiores a 50%: Baja California Sur, Colima, Ciudad de México, Nayarit, Yucatán y Quintana Roo.
En contraste, las menores tasas se observan en Veracruz y Zacatecas (41%), Tabasco (38.5%) y Chiapas (30%).